jueves, 18 de octubre de 2012

Ya conozco su veneno

Señor, ya conozco su veneno
y créame, me estoy volviendo algo inmune
a sus efectos,
que fueron, en un inicio,
contundentes.
Disculpe
si ya no me conmueve
esa manera que tiene
de interpretar al lobo disfrazado
de cordero,
porque se le da bien
el mundo de la actuación,
debería dedicarse a ello
con más ahinco.
Perdone si no le entiendo
esas referencias a los soldados bielorrusos,
que según su opinión eran auténticos violadores,
a esos padres que .
abandonan a sus hijos,
de veras que no le entiendo.
De las indicaciones sobre esos niños del África
de los que es valedor y,
sin embargo,
defiende al ultranza
el sistema económico
que ampara el hambre del Tercer Mundo,
que debería ser el primero
en cuanto a riquezas se refiere.
No le comprendo Señor mío
cuando intercambia barcos de vela
por el guadalquivir
por barcos de remo en un estanque madrileño,
no es más que una manipulación
añadida al inventario de manipulaciones
que tan hábil o interesadamente
ha ido pergeñando
utilizando su ciencia especulativa.
Quizás le entiendo
en el sentido
de que está enamorado
y esta es una manera
de proyectar el dolor
que supone el disputar un amor.
No entraré en lo personal,
le digo que no se enfade, Señor mío,
lo mío también es amor.

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