El dueño del cortijo ha hablado.
Él piensa que es muy progresista,
y de pensamiento muy avanzado.
Desmiente y descarta
cualquier extravío de la norma,
la norma es la que regula
su progresía sui géneris.
Pero es una mezcla
de criterios su bien preciado,
nunca sacó los pies del tiesto,
últimamente ha confesado.
El dueño del cortijo
es árbitro de la elegancia,
no confunde
flojera con vagancia.
Es un alto ejecutivo
del orden y la cordura,
tal vez entre las sábanas
conozca la espesura.
Quién dice,
quién comenta,
quién habla del desvío,
¿acaso no existió
semejante desvarío?
¿Acaso
nos confunde
el vicio y el fornicio?
El dueño del cortijo
ha hablado, con
su semblante serio,
sentencia
con una frase lapidaria,
propia de las señoras
de visita a la hora del café,
y de misa de domingo
a las doce.
El dueño del cortijo
alaba su progresía:
las cosas
siguen como estaban
y ello me causa una
gran algarabía.
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