Lo ilegal sería
luchar contra lo obvio,
contra ese torrente
sin freno
que propone la natural deriva
de los sentimientos.
Lo ilegal sería
no recordarte lo linda
que estás
en una tarde de otoño,
a sabiendas
de tu estado civil,
de las innumerables señales que
dicen stop.
Lo ilegal sería
no cruzar esa barrera,
esa frontera invisible en la que quizás
no haya retorno
y en la que
los viajeros
adoran los cantos de sirenas.
Lo ilegal sería
no dejar de verse
atrapado en tu bondad
sin límites.
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