Dulces tus palabras
que no empalagan,
dulces tus silencios
que me hacen arder,
dulces tus despedidas
y tus adioses.
Pero
esa dulzura
que hay en cada
cosa,
tiene un final amargo.
¿Por qué escribir sobre finales amargos
cuando tenemos toda la vida
para escribir sobre dulces principios?
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