jueves, 25 de octubre de 2012

Setenta y dos años

Setenta y dos años
habrías cumplido,
ay, madre de mi alma.
Eras tan recta,
tan seria en las cosas
que hacías,
tenías ese punto rebelde
y trascendente,
esa finura sin parangón.
Tu vida fue plácida en momentos
y espinosa en otros,
como la vida de cualquier
persona,
pero tú eras tú
y tus circunstancias.
Fuíste capaz
de sacarme adelante
con ayuda
de la familia
que siempre apoyó.
En tus calvarios,
estabas sola,
pero yo te acompañé
en lo que pude,
y estuve
a tu lado,
para abrazarte
y darte el calor
que necesitabas.
Eras mujer reservada
y, a veces,
no comprendía tus malos humores.

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