
Este frío que me abriga, en esta mañana de marzo
gris y con un cielo plúmbeo,
supone el refugio necesario
para el obligado camino hacia el trabajo.
Este frío que me abriga, esta soledad sonora,
construyen el silencioso trayecto entre
la calma y el tempestuoso devenir cotidiano.
Este frío que me abriga,
hace un instante,
tu mirada lo decía todo:
querías que te escuchara, largo y tendido.
Te hice comentarios que no implicaban nada y
sin embargo, me devolviste negatividad,
curioso trato.
Este frío que me abriga,
este despego, aquel desarraigo,
vacío mi corazón, dispuesto a llenarlo,
con las primeras flores de primavera,
con el consiguiente reemplazo,
de la melancolía hecha verso por
la incipiente alegría,
que no luce demasiado.
