Testigo de los días,
oyente de estas palabras,
eres la persona que me
da alegría,
más allá
de la madrugada.
Cuando te evoco,
no me hace falta preguntar
quién es la musa,
porque
su identidad está clara,
la musa eres tú.
Consciente de
tus realidades,
partícipe de tus circunstancias,
te invoco
para un momento,
sin que tengas que abandonar
la ruta diaria de obligaciones
y compromisos.
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