La tarde es el vehículo,
el eterno paradigma,
la constante encrucijada.
El día no se acabó
pero tampoco
empezó hace poco.
Los deseos no culminados,
las certezas inciertas,
y las penas sin consuelo,
hallan,
encuentran,
refugio en estas horas
que no son
huecas
pero que forman
parte del árido
camino
hasta llegar
a ese mar
oscuro, a ese negro ponto,
caricia tardía
de terciopelo roto.
La tarde es el mecanismo,
la polea,
la rueda y la biela,
que regulan
el cambio.
La esperanza del nuevo día
se transforma
en la certeza incierta
y en la postrera contemplación nocturna,
gracias a ella.
encuentran,
refugio en estas horas
que no son
huecas
pero que forman
parte del árido
camino
hasta llegar
a ese mar
oscuro, a ese negro ponto,
caricia tardía
de terciopelo roto.
La tarde es el mecanismo,
la polea,
la rueda y la biela,
que regulan
el cambio.
La esperanza del nuevo día
se transforma
en la certeza incierta
y en la postrera contemplación nocturna,
gracias a ella.
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