Nunca fuí un gran marinero,
nunca fuí un gran navegante,
siempre fuí un espíritu
libre
que huyó de la moral dominante.
Siempre fuí un
alma pródiga
en descalabros y tormentos,
un fugitivo
que no huía
frente a los contratiempos.
Un bala perdida,
una catástrofe
con algún acierto,
primo hermano
de Conrado,
el que vendía tiestos.
Nunca fui un gran marinero,
ni siquiera un gran navegante,
aunque honrado y sincero,
ni mucho menos un tunante.
La verdad es que ya poco importa
cómo sea yo realmente,
la cuestión
es si Usted
me contará sus pormenores y detalles
con la misma facilidad
con la que yo le cuento
mis encartes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario