Obama venció
y la multitud enloqueció,
todos lo aclamaron
como al benévolo emperador
de un vasto Imperio
tras una hipotética conquista.
Los eslóganes sonaron,
tan difundidos, tan bien diseñados,
la euforia colectiva
se desató
en un pueblo necesitado de esperanza.
Y desde luego que la hay
pero no en las manidas
frases:
yes we can,
we believe in change,
en estas frases no.
Tampoco
se acordaron
del premio nobel de la paz
para un líder de una administración
que hace de la guerra
una política exterior.
Obama venció,
pero no sólo ganó Obama,
también el sistema que lo sustenta
y lo ampara
y del que él
es principal valedor.
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