Unos cuantos rayos de luz
no son lo bastante
para conducir
el tráfico de las calles
de esta gran ciudad.
Ni siquiera son lo bastante
para hacer parar
a los transeúntes
que se dirigen al metro
o al autobús
con rumbo al trabajo
o a la cola del paro.
Es la mañana de un nuevo
día que comienza,
los niños van a la escuela
con sus carteras
uniformados o no,
acompañados
de algún adulto
proclive a andar deprisa.
Por entre las calles,
las callejuelas,
un tono grisáceo
vertebra la rutina
y el vals de la realidad.
Por la mañana,
te ves linda y serena.
Por la mañana,
las calles, las callejuelas
ya no están huérfanas
de luz porque tienen la luz
de tu mirada.
con rumbo al trabajo
o a la cola del paro.
Es la mañana de un nuevo
día que comienza,
los niños van a la escuela
con sus carteras
uniformados o no,
acompañados
de algún adulto
proclive a andar deprisa.
Por entre las calles,
las callejuelas,
un tono grisáceo
vertebra la rutina
y el vals de la realidad.
Por la mañana,
te ves linda y serena.
Por la mañana,
las calles, las callejuelas
ya no están huérfanas
de luz porque tienen la luz
de tu mirada.
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