La noche no es sólo el vehículo
para pasar del atardecer
al primer albor del día,
es todavía más que eso:
La noche es un continente aparte,
un lugar donde vienen a converger
la melancolía, el desencanto,
la alegría, el gozo,
la esperanza,
las contradicciones vitales,
la pureza, la propia noche.
La noche es el refugio
de los que la habitan:
Esa gran manta de terciopelo
oscuro
que cubre los hombros
de quienes la transitan
(unos con afinada suerte,
otros con auténtica ruina).
En su desarrollo,
la noche se viste
de cordura,
y aclara que hay gentes
que tienen una suerte ruinosa,
y otras que tienen
una ruina con suerte.
Aun conociendo esto:
No se engañe amigo,
a la noche nadie la invocó,
vino por sí misma,
conocedora de su oficio,
a certificar quién sabe
si el final o el comienzo
de otro día.
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