lunes, 31 de octubre de 2011

Plácida rutina.

La rutina que nos conforta
y nos protege del intranquilo mar,
del proceloso océano que hay alrededor,
es un contenedor lleno de significación
y amable costumbre.
Las horas que pasan son
como las hojas que caen
de un árbol,
y unidas al viento que las arrastra
formando vórtices
y remolinos,
son capaces de armar
la trama de los días,
el implacable paso del tiempo.
En tu mirada,
buscaré la placidez
que otrora hubiera,
el remanso de paz
que ansío,
para continuar juntos
el camino no sin
dificultad para
llegar a la dulce ribera,
última morada,
y divisar el negro ponto.

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