La mujer
es como una ciénaga:
Cuanto más profundizas
en sus aguas,
más te atrapan
sus lodos y sus barros,
más te envuelven
sus arenas movedizas,
pero
es sencillo
quedarse atrapado
en esa ciénaga,
pues ese vínculo
irreprochable,
es el amor
que le profesas.
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