Miramos hacia adentro y nos reencontramos con la certeza pero también con el camino recorrido, album, mural de los lugares visitados, de las personas que hemos conocido. Miramos hacia adentro y nos consolamos con ese abrazo que alguien nos dió y se nos quedó grabado, con ese beso de una madre o de un hijo querido, con una puesta de sol quizás entre alamedas y unos montes que resisten el rodillo del paso del tiempo. Miramos hacia adentro, qué encontramos... Trozos de melancolía, vanidades no ejecutadas ni llevadas a cabo, pequeñas glorias, claros fracasos, pírricas victorias, público y aplausos, abucheos, escapadas, huídas hacia adelante, caídas de enano y estampidas de gigante, relojes atrasados y farolas que no dan luz. Miramos hacia adentro y entendemos que nada sucede de casualidad, sino que existe un hilo que lo engarza todo, guión predefinido de los acontecimientos.
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