Princesita linda, de los cabellos dorados,
bajo la luna de plata,
regálame tu sonrisa,
tu mirada,
déjame que te bese con cariño y ternura,
llévame contigo
pegadito a tu cintura.
Surcaremos los cielos,
atravesaremos los mares,
cubriremos los bosques
con mantos de colores.
Princesita linda, del traje de terciopelo,
qué lindo tocado te has hecho.
Propio de reinas, damas de alta alcurnia,
señoritas que sirven
en casas palaciegas
y comprenden la lógica
de sus señoras
como si fuera la suya propia.
Princesita linda, de los cabellos dorados,
si algún día no ostentas el cargo de princesa,
los amaneceres darán paso
al mecanismo diario,
a la manivela silenciosa, ciega y sorda,
que construye el movimiento
lento y cadencioso
de las calles, de las plazas,
de las avenidas
llenas de muchedumbre ingente.
Princesita linda,
tu futuro depende
de oranguntanes inconscientes
que el progreso de las jóvenes damas no quieren.
Por eso, princesita,
rompe las cadenas que te atan,
libérate y aprende,
a levantarte en la derrota diaria,
a no repetir el lastimero
discurso de lo que los amos del mundo
pretenden.
¡Agárrate a la vida y siempre
mírala de frente!
No hay comentarios:
Publicar un comentario