viernes, 13 de julio de 2012

Nocturno.


Ërase que se era, 
y que quizás fue, 
una luz de atardecer que se apagó 
y dió paso al discurso de la noche.
Las estrellas se daban prisa por ocupar
su lugar acordado,
en ser mecanismo y engranaje,
atrezzo de esta obra maravillosa.
Apareció
la luna y comenzó a mostrarse presumida
y misteriosa,
dispuesta a comenzar
su monólogo
como diva de un espectáculo
que quisiera terminar
recién empezado.
Sin embargo,
nos deleitaba
con coplas de Rafael de León,
con versos de Machado (Antonio)
y sonetos de Quevedo.
El público exigente y congregado
repartió un aplauso silencioso,
los astros allí congregados
abrazaban su actuación
y el manto nocturno
era el telón de fondo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario