Ese intervalo de tiempo en el cual no estás,
siento la nostalgia de tus ojos,
de tu cuerpo que se mueve cadencioso,
armónico y elegante.
Saboreo la amargura de la espera
y del adiós hasta la vista,
de esos dos caminos
que se separan en un instante.
Pero nunca hubo una amargura
más dulce que es aquella
en la que tu mirada se detiene
a contemplar cómo me alejo
maltrecho y cabizbajo.
Mientras las certezas
invitan a la desesperanza,
no me paro a mirar hacia atrás y
te invito al futuro.
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