miércoles, 11 de julio de 2012

No seré yo el que te lo impida.

No seré yo el que te lo impida, 
no seré yo el que corte tus alas
ni el que cierre esa puerta 
a cal y canto
para que no salgas de este lugar
en el que hemos vivido.
No seré yo el que te lo impida,
a sabiendas
de que es contraproducente,
es un callejón sin salida,
una tortura innecesaria,
obligar a tu alma libre
a ser castigada
por la moral existente,
retrógrada,
falsa e hipócrita.
No seré yo el que te lo impida,
volar sin alas,
crecer hacia al suelo,
enaltecer el verbo amar,
perder el concepto del tiempo
y retroceder hacia la nada.
¡Qué fácil parece entablar un
diálogo con uno mismo
y qué difícil es poner las conclusiones en la práctica!

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