No seré yo el que te lo impida,
no seré yo el que corte tus alas
ni el que cierre esa puerta
a cal y canto
para que no salgas de este lugar
en el que hemos vivido.
No seré yo el que te lo impida,
a sabiendas
de que es contraproducente,
es un callejón sin salida,
una tortura innecesaria,
obligar a tu alma libre
a ser castigada
por la moral existente,
retrógrada,
falsa e hipócrita.
No seré yo el que te lo impida,
volar sin alas,
crecer hacia al suelo,
enaltecer el verbo amar,
perder el concepto del tiempo
y retroceder hacia la nada.
¡Qué fácil parece entablar un
diálogo con uno mismo
y qué difícil es poner las conclusiones en la práctica!
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