Amarte es mirar al horizonte y colocarte con la imaginación sobre esa línea delgada.
Admirarte es traspasar dicha línea y perforar el telón de fondo del día soleado.
Abrazarte es retorcer con tenazas de aire esa línea curva que separa el mar del cielo.
Adorarte es la suma de todos esos efectos visuales combinados y como testigos la práctica cotidiana y el paso del tiempo.
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