martes, 28 de junio de 2011

Geometría sentimental.

Aquella historia de amor
comenzó como cualquier otra.
Éramos dos rectas paralelas equidistantes
que se miraban de reojo.
No nos tocábamos ni siquiera teníamos
la intención de conectar en algún
punto. Hasta que la simetría
de tu boca, desembocó
en la curvatura de tu sonrisa
y nuestras concavidades y
convexidades
se solazaron
en una diáfana
mañana
en la que la luz
recorría los ventanales
transmitiendo
el cercano
contorno de tus
hombros.
Mientras tanto,
la vida continuaba
a pesar de los demás,
como la trayectoria
de las curvas continúas
que se asemejan a la estela
de un cometa en un cielo
de verano.
La geometría de aquel amor
acabó
por una discontinuidad
en las intenciones:
generó una singularidad
en el horizonte,
dejó un espectro
de instantes discontínuos
en la memoria.
Aquellos cuerpos se distanciaron
como se distancian los barcos
que toman distinto rumbo.
Jamás podremos decir
qué fue de aquel amor,
que comenzó como cualquier otro:
dos rectas paralelas
sin intención de tocarse.

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