jueves, 2 de junio de 2011

El antagonista en la sombra.

Aquella habitación era iluminada por la luz tenue de la mañana que se ensortijaba en las cortinas del gran ventanal. De la calle venía el rumor del gentío y las risas de los chicos que jugaban a la pelota en la placeta cercana. En su sillón, Severiano Argenta, leía el periódico matutino mientras hacía que le trajeran el desayuno al salón agitando con pulso rítmico la campanilla metálica que tenía la costumbre de poner encima de la mesa .
Virtudes Sandoval, era una formidable criada, en palabras de Severiano. Siempre vestía con el uniforme negro reglamentario del servicio: la cofia blanca inmaculada y el delantal níveo. Entró en la casa de los Argenta, siendo apenas una niña, con 14 años y fue disciplinada y enseñada en el oficio de la servidumbre, en el agachar la cabeza y en el "Sí, señor-señora" en voz baja. También en otros menesteres como en la cocina, en la plancha y en la limpieza de los cristales, los baños, los suelos. Conocía a la perfección la psicología de Don Severiano: sus flaquezas, sus miedos, sus escasos logros como jugador de cartas y bebedor de vermut en el club social de la ciudad de provincias donde vivían.
Severiano Argenta, practicaba el oficio de parásito social y la escasa virtud de ser un antagonista en la sombra, de todo aquello que presentara el más mínimo cambio a las estructuras sociales que le habían permitido su bien merecido rango, de cualquier ataque indiscriminado al clero y al Rey, cúspide de la pirámide de la sociedad, garantía del mantenimiento de los privilegios. Cada vez que Virtudes lo oía despotricar contra los que criticaban al Rey, a los curas, a los militares que mantenían el orden ancestral, se reía internamente porque comprendía que semejante ser humano no había nacido para trabajar si no para reptar por la vida y acomodarse en el sillón. "Qué sabrá este holgazán", se decía para sus adentros. Severiano Argenta era antagonista de los críticos con las estructuras del orden y la moral. Éstas, a su vez, practicaban lo contrario que predicaban y constituían una incoherencia mayúscula. El antagonista tenía un antagonista en la sombra. Virtudes Sandoval, le arrebató lo que no tenía, le quitó la razón.

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