Pronuncio tu nombre,
y me conmuevo.
No sé si eres tú la persona
que espero,
tampoco esperaba a ninguna
persona.
Cuando te miro a los ojos
me parece ver un atardecer
sobre las montañas de
la ciudad de mi infancia.
Me parece
oler
el aire puro y fresco del
otoño en las alamedas,
oir
el ruido tenue de las acequias,
contemplar
el devenir tranquilo del río Genil,
al comienzo de la vereda.
Pronuncio tu nombre
y se abre otra senda...
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