Cuando amamos, ¿debemos mirar a quién, limitar el sentimiento si no es oportuno, asfixiarlo o moldearlo como si fuera una pieza de arcilla para dejarlo de la forma más conveniente?
y cuando no amamos, ¿qué hacer? ¿volver atrás en el camino? y retomar las cosas que nos hicieron felices junto a la otra persona, esos deseos de aventura ilimitada, de riesgo, juventud desaforada, de tocar las estrellas con las yemas de los dedos aunque nuestra pequeñez sea tal que ésto fuese sólo una ilusión. O bien, entender el cómo, el cuándo, el por qué llegamos a la conclusión de que sentíamos, o bien, llegar al convencimiento de que haya nebulosa que empañaba nuestros ojos era tan sólo una ficción, un pasatiempo. Aquí es cuando viene nuestro craso error porque la profundidad del océano es tal que los barcos se hunden y no dejan rastro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario