bañados por las luces anaranjadas y blanquecinas de las farolas.
Te busqué sin fortuna y no te encontré
ya la noche es testigo
del desierto inequívoco
por el que el transeunte
errante
culmina los días
y afronta su devenir cotidiano.
Te busco
y, sin embargo,
desisto, me desanimo y
me entrego,
no hay energía suficiente
que pueda alcanzar,
muchas barreras
nos bloquean.
Te buscaré o quizás me busques tú,
quién sabe,
sería un bonito colofón,
yacer juntos,
deseado epílogo
para nuestra
odisea colectiva.
desisto, me desanimo y
me entrego,
no hay energía suficiente
que pueda alcanzar,
muchas barreras
nos bloquean.
Te buscaré o quizás me busques tú,
quién sabe,
sería un bonito colofón,
yacer juntos,
deseado epílogo
para nuestra
odisea colectiva.
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