miércoles, 5 de septiembre de 2012

Nuestro acto de amor.

Nuestro acto de amor no fue más que una huída hacia adelante,
un grito mayúsculo en el desierto de nuestra existencia,
pero estuvo lleno de encanto y supo generar
esa esperanza que tanta faltaba nos hacía,
aunque los árbitros de la elegancia
nos marcaran el paso
y quisieran ponerle puertas al campo,
llegaste a saber que te quería.

Fue ese lento crepitar 
de las hojas de otoño 
cuando son aplastadas 
por el zapato terco 
el que me recordó 
la sensación que tuve 
al perderte, ¿acaso alguna vez te tuve? 
Vanas ilusiones 
que se dispusieron 
como un rompecabezas 
desordenado 
sobre la alfombra 
del salón de estar y 
gotas de luz clara 
propias de un atardecer 
de invierno. 
Vendrá otra vez la primavera 
a recordar 
los vestigios 
de este antíguo y oficioso 
sentimiento, 
como barcas 
que vuelven a un puerto
que está acostumbrado
al tráfico de las embarcaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario