Siempre fuí de los que jugó con fuego a sabiendas de que se iba a quemar,
de los que persistieron en un error evidente a todas luces
para la moral y las costumbres dominantes,
de los que abrazó hasta el último rayo de sol
de un atardecer entre montañas,
de los que se quedó sin saliva
una tarde de tanto besar.
Siempre fuí de esos
que no se plegaron,
que no aflojaron cuando la cosa decía
que había que aflojar,
y todo por...
¿coraje, orgullo, superstición, dignidad?
Más bien,
por un sentido táctico
de la autenticidad.
Pero no crea, estimado lector,
que todas estas flores
se las echa uno solo
como acto ejemplificador
de la más estricta vanidad.
Son conclusiones
a las que llego cuando
la cosa dice que hay que aflojar.
Siempre fuí de esas balas perdidas
que volaban por el aire
y no tenían orientación ni sentido.
Siempre fuí o tal vez no,
esta cosa que te digo.
de un atardecer entre montañas,
de los que se quedó sin saliva
una tarde de tanto besar.
Siempre fuí de esos
que no se plegaron,
que no aflojaron cuando la cosa decía
que había que aflojar,
y todo por...
¿coraje, orgullo, superstición, dignidad?
Más bien,
por un sentido táctico
de la autenticidad.
Pero no crea, estimado lector,
que todas estas flores
se las echa uno solo
como acto ejemplificador
de la más estricta vanidad.
Son conclusiones
a las que llego cuando
la cosa dice que hay que aflojar.
Siempre fuí de esas balas perdidas
que volaban por el aire
y no tenían orientación ni sentido.
Siempre fuí o tal vez no,
esta cosa que te digo.
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