miércoles, 6 de julio de 2011

Crónica del adiós.

Yo, Segismundo Aureola,
de profesión, forjador de sufrimientos
y torturas.
De vocación, aprendiz de tormentos,
declaro firmemente que:
En virtud de la autoridad
otorgada por el enésimo desencanto
y el consiguiente dolor producido,
elaboro este catálogo de principios,
esta crónica del adiós.
Adiós porque la ocasión no
acompaña,
porque si el dowjones
o el euribor
por ser cómo eres,
Reina de las nieves.
Me conozco este tipo de historias
y su desenlace.
Como en El Guitarrista
de Luis Landero:
ese matrimonio falto de estímulo
que conoce a un joven
aprendiz de mecánica
y lo utilizan para reflotar
su relación.
Conmigo no cuentes,
para tus juegos
y para tus ardores.
Quizás he sido el mismo
chico inocente
que creía que la buena intención
era la clave para construir
hermosas historias,
pero hay gente
que sólo entiende
del debe y del haber
también en el amor.
Por eso, adiós.

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