Clavel de mayo,
con el tallo recio,
y los pétalos rojos
como la escarlata.
Floreces en una mañana,
y se te espera
como se esperan a los barcos
cargados de pasajeros
en los puertos internacionales.
En aquel hipotético puerto
internacional, se cumple el presagio
de que los claveles que
se yerguen en mayo
construyen la senda para
que otros claveles,
se pongan también derechos,
para que el viento no pueda
derribarlos en el intento,
ni la incesante tormenta
les cause mayor sufrimiento,
porque vendrá otra
primavera,
y otros puertos,
donde los claveles
lleguen firmes
para desterrar
al desaliento,
para confirmar la premisa,
de que no hay mejor advenimiento
que la verdadera
forma de marcar el tiempo,
para que la alegría se imponga
hasta el común descontento,
para que de tus manos
broten claveles de mayo
rojos como la escarlata.
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