
Si alguna vez entraste en mi vida,
si en algún momento mi corazón te entregué
y tú me entregaste el tuyo
e hice mías tus batallas,
tus anhelos eran míos,
como cuando se agarra el aire
con las manos en un día de viento.
Construímos caminos, formando un gran trecho,
alzando nuestros espíritus libres
al vuelo.
Si alguna vez te refugiaste en mi vida
o yo me refugié en la tuya
y nos hicimos cómplices
de este refugio mútuo,
unas veces etéreo y discontínuo,
otras constante y armónico.
Si alguna vez nos dijimos hasta otra,
comprendimos que el tren arranca
de la estación sin más rumbo
que el futuro,
sin más estación
que nuestra palabra.
Si alguna vez saliste de mi vida,
si al redoblar una esquina tocaste mi puerta y no la abrí,
que sepas que mi sentimiento sigue estando intacto y
guardo para tí mi cariño y mi afecto,
aunque nunca nos lo dijéramos,
aunque nunca lo supiéramos decir o
no hubiera voluntad de las partes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario