lunes, 9 de mayo de 2011

Quisiera decirte.

Quisiera decirte y no puedo,
quisiera hablarte y, en cambio,
las palabras no nacen,
mueren antes de salir de mi boca.
Quisiera decirte que anhelo
tu mirada, tu verbo conciso,
tu gesto sereno y tenaz.
Quisiera contarte que no espero,
que el resplandor de la luna
en la noche cobije nuestros cuerpos,
pues lo sustituyo por una bombilla
de flexo,
por una lámpara de salón.
Y sin embargo,
en la madrugada,
al otro lado de esta ventana,
las frías calles
con su lógica fría
y quebrada,
proponen el discurso
más sencillo,
el de hablar con silencio,
el de no decir nada.

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