jueves, 24 de marzo de 2011

El tren de la ilusión.

Protagonistas: Ella y él.
Lugar: Cualquier universo ciudadano.
Con Ella se marcha, otra vez, el tren de la ilusión.
Cuando Él la conoció creyó ver en Ella
la solución a tanto tedio y hastío vitales.
Tras sus ojos que habían visto,
unas cuantas primaveras más que las de él,
había la misma melancolía
y escepticismo que
el otro podía albergar.
Sin embargo,
cada uno de ellos contaba con
su propia historia,
y sus vidas eran como
dos líneas paralelas
pues nunca se tocaban.
Él la anhelaba con frecuencia
y esperaba impaciente
volverla a ver.
Ella, prudente
y confiada de sus fuerzas,
ejercía un liderazgo
consecuente,
para que no se cometiera
ningún atropello.
Sin embargo,
el control de los sentimientos,
en ocasiones,
es algo inabordable
y el tesón se puede confundir
con el capricho.
Por eso el sentimiento
de deseo inacabado o
de amor no correspondido
desembocó en frustración
y la frustración en odio
contenido.
El epílogo quedó
en que ella se montó en el tren
de la ilusión
y, éste a su vez, partió
de la estación.
Él quedó en tierra,
y la vió alejarse desde el anden
como se
alejan la hojas
de un árbol
que flotan sobre un estanque.

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