
Descuelgo el teléfono,
marco el número y escucho tu voz.
¿Por qué será que cuando hablo contigo,
siento que el escaso romanticismo que
había, se ha disipado
acaso será que
nunca existió?
Mientras que insistes
en las tareas que me adjudicas,
olvidas
la base del entendimiento
que consiste en el diálogo
y el dejar al otro hablar.
Difícil tarea la de
aquel que osa contradecirte.
Obvias que soy un espíritu libre
que no es fácil de domeñar
y que cuando más te lo propones,
sabes aburrir al personal.
Necesito reinventarme
y salir de esta espiral
de monotonía en la que me hallo
envuelto.
Unir, sumar fuerzas, aglutinar
esfuerzos y que nuestra
vida en común,
no sea un concurso,
ni una competencia,
en la que esperar
salir vencedor.
Cuando hablo por teléfono,
contradigo a los hechos,
quiero llegar al
autoconvencimiento
de que tú y yo no somos tan
diferentes.
Cuelgo el teléfono
y continúo
con las cavilaciones.
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