martes, 22 de febrero de 2011

El gorrión y la paloma.


Era un mediodía de invierno, mi hija Marcela y yo habíamos ido a la Biblioteca de la calle Azcona como cada domingo. Al terminar sus actividades, nos fuimos a tomar un tentempié en la plaza de San Cayetano compuesto por unas magdalenas. Cuando no quería más, Marcela comenzó a echarle de comer a las palomas congregadas en la plaza, que rápidamente se arremolinaron para encontrar algo de sustento. Por allí, también revoloteaba un gorrión que se aligeró para venir volando a sustraer del pico de la paloma un trozo de magdalena a la velocidad en la que un árbol es capaz de ser fulminado por un rayo. La diferencia de tamaños, la desproporción en el número de palomas con respecto al de gorriones no fue razón para que el pequeño pájaro fuera más hábil y más certero. La paloma, inmóvil, de torpes movimientos no podía competir en velocidad con el ladronzuelo que le había quitado aquel cotidiano tesoro. De ello se pueden extraer varias moralejas: 1) quien no corre, vuela (la paloma podría representar los valores de una burguesía estática que concentra el poder y reparte los beneficios, las plusvalías, los excedentes del capital y el gorrión, ese pájaro común, podría representar los intereses del proletariado y su constante lucha para su emancipación) 2) no hay correlación de fuerzas que la astucia y la convicción en las propias destrezas no puedan vencer.

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