lunes, 20 de septiembre de 2010

Atardecer en Granada.


La luz del atardecer en Granada
me recuerda a tu pelo,
ensortijado entre mis manos,
en la caricia de tus besos.
La luz del atardecer en Granada es
naranja, color beige, aterciopelado,
como la piel de un melocotón
maduro.
La luz del atardecer en Granada
acarrea lamentos, quejidos, llantos
y otros anhelos,
melancolía variada al final de una jornada.
La luz del atardecer en Granada,
provoca el silencio,
el gorrión que se posa en la farola,
calla por un momento,
el transeúnte solitario sube la cuesta
y bordea la esquina del arrepentimiento,
la reflexión profunda, la autocrítica,
el tormento.
También reflexiona sobre la injusticia
y la moral de las clases dominantes,
sobre la revolución y los recovecos que
ésta conlleva.
¡ERES UN ILUSO! Le decían sus compañeros.
La luz del atardecer en Granada
es el discurso de la verdad completa
que supone tu mirada,
en la ciénaga de mis sospechas.

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