
En esta noche de Septiembre,
quieres hacer un ajuste de cuentas
con tu existencia.
En el camino,
no buscas cimentar la felicidad
sobre la desgracia ajena,
no deseas que la emoción enmascarada
de sentimiento dé al traste
con tanto vivido en común y
tantas batallas compartidas.
Sin embargo,
en este dolor cotidiano te hallas sumido,
y te encuentras frágil como un jarrón de porcelana,
cohibido por tanta letra pequeña
colocada de lado en el contrato
de la vida.
Esa letra pequeña te esclaviza,
aprisiona, te sientes
como el hombre encadenado
que tira a duras penas
de la pesada bola.
La bola es el bagaje,
el necesario balance de vivencias,
la carga,
la responsabilidad adquirida,
elementos que deberían estar orientados
a hacerle un monumento al amor en mayúsculas.
Amor que perece es consecuencia natural
del desgaste o de la inexistencia
de dicho amor desde el inicio.
No pretendas cambiar
la hoja de ruta
pensando que contentas a la gente,
tienes que pensar que tú
debes ser el satisfecho.
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