Retahilas, las que comienzan y no acaban,
apacibles retahilas.
Cambiaste un punto y final por un punto y seguido,
la frase comenzó con una entonación fiel
al guión establecido.
Los días, las horas se hicieron un suspiro,
el sonido de un acordeón
recordaba al último tren perdido.
Los sigilos de un mañana
me llenaron de un cierto escalofrío.
Las palabras vertidas fueron grabadas
en mi interior en el contexto lógico, en el contexto debido.
Cambiaste un punto y final por un punto y seguido,
el teléfono suena y con él se aceleran los latidos.
Me dió un vuelco el corazón al oir la voz de un niño,
que hablaba en español con acento impreciso.
Me acordé de un hijo que tuve, aquel hijito mío.
Tu papá te ama, le dije,
Después de todo, el amor no se improvisa,
recordé.
La forja del amor pasa por la vivencia cotidiana,
no por el amor a impulsos,
como vuela una cometa,
en una explanada con ráfagas de viento.
Cambiaste un punto y final por un punto y seguido,
la frase terminó siendo fiel al guión establecido.
Las palabras se torcieron,
como se quiebran los suspiros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario