Con un lápiz dibujé
tu silueta recostada,
la luz del amanecer parecía
acariciar tu espalda.
Con un lápiz dibujé
un muñeco con sonrisa,
sobre el papel que tenías
encima del escritorio.
Desprovisto de lápiz
me ví conminado
a tu silueta recostada,
al dibujo del muñeco con sonrisa,
a las palabras que hacían
más llevadero el día,
a los soliloquios varios,
a la certeza
de verte de espaldas
y sonreirte sólo en
los garabatos trazados
sobre el papel encima del
escritorio.
En nuestras conversaciones,
acudían el asunto de los hijos,
y ese amor mecanizado,
que es tanto tuyo como mío,
la fuerza de la costumbre.
Con una lápiz dibujé,
una fase que no era,
quise refundar
nuestra alegría en primavera.
Con un lápiz dibujé,
tu sonrisa y la mía,
primavera más fuerza de la costumbre
hermosa ecuación,
el caminito que me lleva,
a construir nuestro amor.
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