miércoles, 28 de octubre de 2009

Compañera.



Compañera,
Me parecía que su presencia era
como las tardes grises,
los mediodías de invierno,
en los que solícitos
nos dirigíamos a la hora del descanso
a las cotidianas formas de esparcimiento,
a los virtuosos menús diarios.
Usted sabía que
me aburrían
sus gestos programados
su estática belleza
testimonio de una imagen,
en la cual,
una persona hablaba con una pieza de porcelana.
Sin embargo,
le agradecía entre otras cosas,
la sonrisa de un niño,
el aprendizaje común,
la experiencia compartida,
el estatus de "pater familias",
el brillo de una luz después de una tormenta.
Compañera,
la esperaba, para que las tardes grises se tornasen soleadas,
para que hiciéramos de cada estación una primavera,
y a que juntos retomásemos
el frecuente sentir de lo que eran,
la alta cumbre,
la poblada arboleda,
el rugir de una cascada,
la felicidad postrera,
el caminito hasta el valle,
Sólos Usted y yo,
qué más quiere, Compañera.

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