sábado, 24 de marzo de 2012

Parece primavera.

Aquella noche se despertó como de costumbre, rumiando ese mal de amores, ese amor idealizado y no llevado a efecto, que traía desde un tiempo atrás. Ya en su conciencia no había víctimas ni verdugos, sólo una profunda melancolía y una tristeza consecuente. La lógíca demoledora de la realidad se había impuesto una vez más pero no cerraba puertas ni ventanas aunque el aire fuera frío, propio del final del invierno. "Parece primavera", se dijo, pero esto no era más que una conjetura. Él mismo se engañaba porque en su corazón sólo había un largo y helado desierto.

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