viernes, 15 de abril de 2011

Conocedor de naufragios.

Aquí me hallo en la cima de mi melancolía,
repasando los escasos cuadernos de bitácora
de los que dispongo.
Atrás quedaron el llanto y la alegría,
la pena encadenada, el logro.
Sedimento de algún camino
andado, de algún que otro
amanecer roto.
Las causas de la fractura
vuelven a imponerse,
la historia se repite,
estás siguiendo la moral de otros.
Mientras tanto,
rescato el poco conocimiento
que tengo de los naufragios
y quisiera explicarte
que, a priori, las cosas son sencillas,
y, a posteriori, las cosas son difíciles
de conseguir,
que no cejaré en mi empeño
y que recuerdes
que mi naufragio
lo comparto contigo.

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