
Cuando lo vivido es retomado,
me sumerjo en la infancia,
en los juegos de antaño,
en el afecto de mi madre,
en el cariño de tantos.
En la pelota en el cuarto de la ropa,
el castillo de los clicks,
el barco pirata,
los libros de antes de dormir,
la radio donde escuchaba los partidos de fútbol,
la misa de los domingos en la parroquia de San Matías,
la fanta de naranja en el Bar Luis,
mi colección de monedas y sellos.
Vuelvo a la televisión hasta las tantas,
al autobús de línea casi puntual
en la fuente de las batallas,
el camino al barrio granadino del Albaicín
donde estaba mi colegio.
A la carrera del Darro en la mañana,
al río, las bocacalles
de las que intentaba aprender de memoria
su nombre y llegar a estar acertado.
Las imágenes nítidas
del bañuelo, la Iglesia de San Pedro y San Pablo,
la cuesta del Chapiz, la plaza de Aliátar,
calle Pagés, carretera de Murcia.
Desde el alto Albaicín,
en las tardes de otoño se distinguían
los ocres del cielo en el mirador de San Cristóbal,
el añil, la gama de rojizos, el amarillo diverso,
con el mosaico de la vega al fondo
como telón de una obra teatral,
en la que se hubiera detenido el tiempo
y sólo las luces fugitivas de la primera noche
retomaran el dominio de las calles y sus aceras.
La Alhambra como si fuera un castillo de cartón,
el palacio de Dar-Al-Ahorra en una línea anterior,
el laberinto de calles que surcaba el barrio por
debajo del mirador.
En el autobús de vuelta, ese
que iba por la curva del Tambor,
el panorama cambiaba,
desde la carretera de Murcia, se apreciaba la
fábrica de cervezas Alhambra con su
chimenea que evacuaba humo constantemente.
La cuesta de San Antonio,
calle Real de Cartuja,
Hospital Real, Gran Vía,
y la parada final podía ser en la Catedral,
rumbo al Zacatín,
guardo la imagen los escaparates de los comercios,
las zapaterías, las tiendas de moda,
la plaza Bib-Rambla con su galería
de tiendas de flores,
pequeña calle la de Salamanca
para encontrarme en Reyes Católicos
y finalmente, Ángel Ganivet,
cerca de la central de correos,
donde tantas cartas habremos enviado
no sé a qué lugar, no sé con qué finalidad.
Cuando lo vivido es retomado,
me sumerjo en la infancia,
en los juegos de antaño,
en el afecto de mi madre,
en el cariño de tantos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario